Ruta 28 de Enero

Ruta el Oso. San andrés Trubia.

Longitud: 6,9 kilómetros.

Inicio: San Andrés (Trubia – Oviedo).

Final: La Riera (Trubia — Oviedo).

Itinerario: San Andrés – Perlavia – El Refuxal – Las Cuestas – La Riera.

Duración: De 3 a 3 horas y media.

Acceso: San Andrés, pueblo de la parroquia ovetense de Trubia que está a 13,2 km de Oviedo (capital del Principado de Asturias), está atravesado por la carretera AS-228.



Observaciones:

- Para hacer esta ruta, además de ir calzados adecuadamente con botas de monte, e incluso katiuskas para el agua, debemos equiparnos de unos buenos prismáticos y unas guías de campo: de aves, de insectos, de hojas, de huellas y señales, compañeras imprescindibles en nuestro camino.
- La ruta está señalizada con unas baldosas colocadas estratégicamente, pero para no afear el entorno se encuentran ubicadas en bordes de caminos, piedras o muros que nos obligan a buscarlas cuando llegamos a un cruce o desvío de camino. Ésta es una ruta para descubrir la naturaleza, incluidas las señales.
- Ayúdanos a mantener limpia la ruta; no alteres el entorno, no cortes ramas, no retires piedras de los muros y si encuentras una portilla, por favor ciérrala, estamos en una zona con uso ganadero. Cuidado con el fuego; si ves un incendio, avisa al 112.

Descripción de la ruta
Ésta es una de las tres rutas (las otras dos son la de la Salamandra y la del Buitre) habilitadas, por el Ayuntamiento de Oviedo y el Fondo para la Protección de Animales Salvajes (Fapas), a través del proyecto denominado Naturaleza de cercanías en Oviedo, para observar la fauna y disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.
Tomamos como punto de referencia para iniciar la Ruta del Oso la última parada del autobús de la línea 4 de TUA (transporte urbano), en la localidad de San Andrés al lado de la fuente y el lavadero, lo que podría darnos la impresión de que éste es un terreno poco apto para los osos. Pero tenemos que dirigirnos unos metros en dirección a Trubia hasta encontrar, a mano derecha, la señal que nos indica la senda a tomar, un estrecho camino asfaltado que asciende empinado y que de repente nos introduce en el hábitat forestal y nos aísla de lo urbano.
Llegamos enseguida a La Carrilona, unas casas rodeadas de prados y frutales donde encontramos el primer punto de interpretación de la ruta. Aunque podamos pensar que el oso vive en lugares inhóspitos, su huella se deja ver cada año, a finales de primavera, en estos terrenos. El barro de los caminos humedecidos por los manantiales nos permiten descubrir su rastro cuando llega hasta aquí para alimentarse de cerezas.
Subimos por el sendero donde el bosque de castaño es el protagonista. Su productividad en el otoño es imprescindible para garantizar la alimentación del oso y de mucha fauna silvestre. Antes, el fruto de los castaños se recogía pero ahora queda abandonado y se convierte en una comida suculenta. Descubrimos un entorno singular, no sólo árboles.
El suelo tapizado de musgos: formaciones arbustivas de arándanos que producen pequeños frutos… Un hábitat donde coexisten los grandes mamíferos como el oso, con todo lo diminuto que se mueve en estos ecosistemas, de singular valor por su biodiversidad.
Un medio que el hombre utiliza: los rebaños de cabras aprovechan este medio natural y aportan economía a los lugareños. Seguimos por el valle de Guanga hasta el collado de la Peña Castiello, donde podemos hacer una parada para contemplar el valle del Trubia o del Oso, como ahora se llama. Merece la pena.
En el alto, nos dirigimos hacia la derecha y tratamos de llegar a Perlavia. Entre los árboles del bosque, robles y castaños, caracterizados por su corteza rugosa, destaca un árbol de gran porte, textura suave en su corteza y color gris. Es un gran ejemplar de haya, más propio de montañas con mayor altitud. Troncos caídos en descomposición que sirven de alimento a los insectos y árboles viejos con oquedades puede que ofrezcan una imagen de descuido y abandono, pero así es el bosque natural y en ello se encuentra su valor.
En una curva del camino encontramos un panel informativo. El lugar nos permite disfrutar de una hermosa perspectiva sobre el valle del Trubia. En la ladera de enfrente vemos el monte de Pacerande, por donde discurre la Ruta del Buitre. Al poco llegamos a Perlavia, donde encontraremos un núcleo rural de casas de aldea y hórreos, rodeado de prados que hasta hace unas décadas vendían en los mercados de la ciudad. Ahora, todo ese sistema agrario ha desaparecido pero, por fortuna, algunos animales como los burros aún son utilizados, aunque sólo sea para mantener limpias las fincas.
El camino se aleja de Perlavia flanqueado de muros de piedra que, si nos fijamos, poseen numerosos restos fósiles, señal inequívoca de que estas tierras hace millones de años estuvieron cubiertas por las aguas. Pero ahora, las viejas piedras del muro sirven también para alojar imortantes comunidades de seres vivos, lagartijas, insectos o caracoles, por hablar sólo de algunas de las especies que ocupan este rico nicho ecológico creado por el hombre para sujetar unos terrenos o identificar una propiedad.
Continuamos en pleno hábitat rural pues el camino nos lleva a Carandón y, más abajo, hasta El Refuxal, en Las Cuestas, donde, y pese a lo humanizado del terreno, el oso es capaz de acercarse por la noche y husmear en los entornos de las casas en busca de algún alimento. Es su punto de campeo más alejado de las grandes montañas cantábricas.
En Las Cuestas bajamos por la carretera hasta llegar a las últimas casas, después del aparcamiento, donde encontraremos a la derecha la señal indicadora de la ruta. Sigámosla en suave descenso por El Pradón y Las Faces hasta el cartel informativo, el último, que nos ofrece una visión de la Ruta del Oso con las industrias al fondo. Después, las casas del Sierro y la llegada a la carretera, donde volvemos a tener la oportunidad de subirnos al bus municipal que nos devolverá a la ciudad.

FUENTES:
Del texto: «Ruta del Oso», en Naturaleza de Cercanías en Oviedo (Rutas por el concejo de Oviedo), folleto con textos de Fapas.
Del video: Google Video autor no figura. 

La senda marcada para el GPS por Joaquín Esteban en:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1062749

Ruta 14 de Enero

Longitud: 10,6 kilómetros.

Inicio: Pozobal (Caces – Oviedo).

Final: Pozobal.

Itinerario: Pozobal — Barguero — Buseco — Las Carangas — Cotomonteros — El Pando — Pozobal.

Duración: 4 horas y media, aproximadamente..

Acceso: A Pozoval o Pozobal, casería de la parroquia ovetense de Caces que está a 15 km de Oviedo (capital del Principado de Asturias), se llega por la carretera OV-1.

Especies animales: Buitre, águila culebrera, alimoche, jabalíes, corzos.

Observaciones: Para hacer esta ruta, además de ir calzados adecuadamente con botas de monte, e incluso katiuskas para el agua, debemos equiparnos de unos buenos prismáticos y unas guías de campo: de aves, de insectos, de hojas, de huellas y señales, compañeras imprescindibles en nuestro camino.
—La ruta está señalizada con unas baldosas colocadas estratégicamente, pero para no afear el entorno se encuentran ubicadas en bordes de caminos, piedras o muros que nos obligan a buscarlas cuando llegamos a un cruce o desvío de camino. Ésta es una ruta para descubrir la naturaleza, incluidas las señales.
—Ayúdanos a mantener limpia la ruta; no alteres el entorno, no cortes ramas, no retires piedras de los muros y si encuentras una portilla, por favor ciérrala, estamos en una zona con uso ganadero. Cuidado con el fuego; si ves un incendio, avisa al 112.

Descripción de la ruta: Ésta es una de las tres rutas (las otras dos son la de la Salamandra y la del Oso) habilitadas, por el Ayuntamiento de Oviedo y el Fondo para la Protección de Animales Salvajes (Fapas), a través del proyecto denominado Naturaleza de cercanías en Oviedo, para observar la fauna y disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.

Nuestro camino se inicia en Pozobal, el primer barrio de Siones que encontramos llegando por la carretera que sube de Caces. A la altura del número 2, cogemos a la derecha un estrecho camino asfaltado que nos llevará hasta las casas de Bargueru.

Pronto nos recibe un bosque de castaños centenarios que nos acompaña hasta el cartel informativo para continuar el camino e introducirnos en la vegetación y la humedad de este tipo de bosque, que si nos paramos a observar, deja ver claramente cómo los jabalíes, al pasar el camino, dejan sus marcas de bajada en el talud, es lo que se conoce como «un paso de jabalí».

Junto a las casas, dejamos el asfalto y pasamos directamente a pisar las hojas del suelo y la vegetación. Es un camino casi abandonado por el hombre, pero la fauna silvestre lo ha utilizado permanentemente ya que es más fácil transitar por él que hacerlo a través del monte. Caminaremos por la ladera del monte Pecerande, llegando más tarde a Buseco, donde dejaremos el concejo de Oviedo para adentrarnos en el vecino de Santo Adriano.

Vamos a atravesar una zona ganadera, de lo poco que queda, y es posible que aparezca un pequeño cierre que podremos pasar sin dificultad. Estas praderías se están perdiendo y cada vez están más cubiertas de vegetación. Pero es importante que aún haya ganado porque cuando éste se muere constituye el alimento de los buitres, ejecutando a la perfección su papel en la naturaleza: los limpiadores de la montaña. Con buitres no hay animales muertos ni, por tanto, riesgo de enfermedades.

Los pastizales no están solos. Bosques de abedul dan sombra al ganado y le permiten resguardarse de las molestas moscas cuando aprieta el calor. Y aquellas partes más fértiles han sido transformadas en prados, antes posiblemente cultivados por los vecinos con cultivos como la escanda, una antigua variedad de cereal que, después de ser molido el grano, era transformado en la harina con la que se fabricaba el pan en casa.

Caminar despacio y echar la mirada al cielo es imprescindible en esta ruta. Es la del buitre y nos encontramos en un cordal montañoso en donde estas grandes aves planeadoras suelen aparecer en la busca de comida. Pero también es el hábitat del águila culebrera y del alimoche, el menor de los buitres viajeros que en invierno se traslada a África.

Llegados al lato nos encontramos con el segundo panel informativo, situado en un lugar estratégico desde el cual podemos divisar todas las montañas de nuestro entorno. La Sierra del Aramo es la más espectacular y es la primera de las grandes sierras precantábricas de alto valor biológico.

A la espalda del cartel informativo aparecen los cortados del Valle del Trubia. En ellos la pequeña población de buitres de esta zona central de Asturias se reproduce, instalando sus nidos en las zonas más innaccesibles.

Pero nuestro objetivo es llegar al pueblo de Buseco y, en el camino de bajada, la corteza blanca de unos árboles nos indica que continuaremos siendo acompañados por los grandes abedules característicos de las montañas cantábricas.

Llegamos a Buseco y a la entrada, mirando a la derecha, descubrimos el canal del valle de Guanga, por donde discurre otra de las rutas de La Naturaleza de Cercanías, la Ruta del Oso. Bosques mixtos y terrenos escarpados: el hábitat del plantígrado.

A partir de Buseco, la carretera nos lleva por terrenos de prados y rocas calizas hacia Las Carangas. Al llegar el cruce, buscaremos la señal que nos indica la dirección de Tenebredo. Unos cien metros más adelante debemos de abandonar la carretera para volver a pisar el terreno natural, una bajada hasta los caseríos de Casabaxo para entrar de lleno en la cubeta rodeada de un circo de montañas en donde el mosaico de prados, setos, bosquetes y bosques nos permite descubrir o intuir que muy cerca tenemos todo un mundo de seres vivos que es posible que podeamos ver o descubrir, como es el caso de los corzos que por las mañanas salen a pastar tranquilamente a los prados.

Pero algo nos tiene que llamar la atención aparte del paisaje o, mejor dicho, lo que no vemos porque no existe: el río. Nos encontramos sobre sistemas kársticos y, por tanto, las aguas no discurren por ríos de superficie, si no por galerías subterráneas.

Tras una breve subida entre castaños, nos encontramos con la carretera que nos llevará hasta Cotomonteros. Un camino fácil y tranquilo pues, aunque está asfaltado, el tráfico por estos lugares es escaso. El fondo del valle aparece cubierto por un frondoso bosque de castaños. Sobre él, destaca la Peña Constancio, una montaña caliza salpicada de encinas que increíblemente han conseguido enraizarse y crecer en la pura roca, lo que da constancia precisamente de la capacidad de adaptación que posee la naturaleza.

En Cotomonteros, los robles del parque público nos dan fe de una antigua relación entre el hombre y los árboles. A la salida del pueblo, el bebedero de ganado doméstico se ha convertido en una reserva natural de anfibios donde renacuajos y tritones encuentran su hábitat más adecuado.

Más adelante, llegamos al panel informativo donde lo único que podemos ver, de manera inmediata, es el bosque. Casi lo tocamos, lo percibimos de cerca y nos damos cuenta de que no sólo es cuestión de árboles, hay muchas más cosas dentro de un bosque.

Nos queda un último tramo que a muchos les puede parecer abandonado, pero el agua y el barro del camino nos facilita de nuevo poder leer en el suelo, descubrir e identificar quién ha pasado por aquí esta noche y, casi casi, apreciar qué estaba haciendo. Es una bajada que nos conduce al Bustiello, lugar donde enlazamos con la Ruta de la Salamandra. Siguiendo sus indicaciones por la Vega de Siones podremos llegar al punto de partida.